En este juego, diversos objetos se colocan en el centro de una mesa, que van desde suministros de oficina hasta vajilla, pasando por joyas, juguetes y piezas de juegos. El objetivo es seleccionar al menos 20 objetos diferentes que, a primera vista, no parecen tener ninguna relación aparente entre ellos.
Los participantes se dividen en grupos, cada uno recibe una hoja de papel y un bolígrafo. Observan los objetos y deben clasificarlos en cuatro grupos distintos, anotando sus clasificaciones en la hoja. Los grupos deben trabajar de manera individual sin compartir sus clasificaciones con los demás. Al final del tiempo asignado, un portavoz de cada grupo presenta cómo han clasificado los objetos y explica su razonamiento. Los criterios pueden variar, desde la función del objeto hasta su apariencia o el material del que está hecho.
Este juego es particularmente interesante en el contexto de un team building porque fomenta la colaboración y la reflexión creativa. Al obligar a los equipos a encontrar puntos en común entre objetos aparentemente dispares, se anima a replantear la forma en que se abordan los desafíos y problemas. También estimula el pensamiento innovador al mostrar cómo pueden surgir soluciones novedosas de situaciones que inicialmente parecen no estar relacionadas. Este proceso refuerza la capacidad del equipo para trabajar juntos de manera efectiva y encontrar soluciones innovadoras a los desafíos que enfrentan.