Para empezar, divide al grupo en dos equipos iguales y colócalos en filas enfrentadas.
Un equipo se da la vuelta, mirando en la dirección opuesta, mientras que el otro equipo participa en una actividad de transformación. Durante un breve período, digamos de aproximadamente 1 minuto, este equipo realiza 10 modificaciones en su apariencia.
Estos cambios pueden ser más o menos sutiles, como intercambiar ropa o joyas entre dos miembros, cambiar de zapatos o incluso modificar peinados.
Mientras tanto, un observador neutral anota cuidadosamente los diez cambios realizados.
Una vez que se acaba el tiempo, el segundo equipo se da la vuelta e intenta adivinar con precisión los 10 cambios. Es un ejercicio estimulante que pone a prueba tanto la observación como la memoria colectiva del equipo.
Más allá de la simple diversión, este juego ofrece una valiosa oportunidad para fortalecer el espíritu de equipo y desarrollar habilidades de comunicación. Al concentrarse en la búsqueda de los cambios y colaborar para identificarlos, los miembros del equipo aprenden a trabajar juntos de manera eficaz y coordinada. Además, la competencia amistosa estimula el compromiso y refuerza los lazos entre los miembros del equipo, fomentando así una cultura de colaboración y apoyo dentro de la organización.